Rigor y Criterio | podcast

Memoria Analógica - Aventuras en la Gran Ciudad

Memoria Analógica - Aventuras en la Gran Ciudad

Well, he walked up to me and he asked me if I wanted to dance

Todas estas películas nos lanzaban un guiño en forma de caratula desde la estantería del videoclub. No estábamos tan informados como ahora. De hecho, vivíamos casi en la indigencia informativa.

Aventuras en la Gran Ciudad

Esto que es casi un cliche del articulismo friki nostágico no queda mas remedio que mencionarlo. Al fin y al cabo, forma parte del contexto.

Aventuras en la Gran Ciudad tiene una carátula muy chula, y una sinopsis atractiva. Atractiva al menos para un preadolescente con ansias de aventuras como era yo en esa época y, sin duda, el mejor lugar para un chico de 12 años en los 80 en el que buscarlas era el videoclub. Y la visita semanal a ese templo de la diversión era un momento mágico.

Hoy en día lo he visto comparar con las plataformas VOD tipo Netflix y, aunque existen elementos en común, creo que existen tres diferencias notables: La oferta, el conocimiento previo y, sobre todo, la fisicidad.

Si bien es cierto que la primera vez que entrábamos a un videoclub la oferta nos parecía abrumadora, no es menos cierto que, tras unas cuantas semanas y descartadas la sección de detras de la cortina mugrienta, las de terror de mas de 18 años y todo el cine español (salvo, quizas, Pajares y Esteso), nos dábamos cuenta de que no había tanto para elegir. Y lo que había no siempre resultaba apetecible.

Hoy en día, la oferta SI es abrumadora, el hecho de dedicar el rato que tenemos para ver una peli, en decidir cual vemos, para acabar no viendo nada, se ha convertido ya en un meme. Nos hemos convertido, mas que nunca, en la filosófica imagen del borrico que muere de hambre ante un montón de trigo y uno de zanahorias por ser incapaz de elegir que le apetece mas.

Y éramos vírgenes cuando nos enfrentábamos a esas estanterías. Vírgenes en el sentido de puros, inmaculados, carentes de información y, por lo tanto, de prejuicios (bueno, en el terreno sexual tambien, pero eso no viene al caso).

A ver, que los medios de información existian y algunos procurábamos estar al tanto de lo que se cocía pero, seamos claros; la Fotogramas era un revista bastante cara y tirando a rancia y la tele no ayudaba demasiado. La única forma de estar al tanto de los lanzamientos cinematográficos eran los trailers que podíamos ver en las propias películas. Lo normal era llegar al videoclub y dejarse guiar solo por el título, la carátula y la experiencia adquirida a base de tragarse un buen montón de purria infecta que nuestros avispados distribuidores nos colaban como una super producción hollywoodense o la falsa secuela de una peli conocida.

Pero lo mejor era tocar las películas. Coger esas cajas y mirar y remirar esas portadas hasta casi desgastarlas (si ello fuera posible). El hecho de tocar convierte las cosas en reales, asumámoslo. No se puede tener sentido de posesión sobre algo que no podemos sentir en nuestras manos. Por eso coleccionamos, por eso acumulamos...

Las cosas, los objetos, son asideros físicos a un tiempo que se nos va. Pedacitos de verdad que nos hacen sentir eternos. ¡Toma filosofía de baratillo para taza de Mr. Wonderful!

Todo este ladrillo para explicar lo mucho que molaba ir a videoclub y volver a casa con la peli elegida para echar el viernes noche, si, pero ¿que cojones quereis? Esto es un blog. Hay que adornar el viaje.

He looked kinda nice and so I said I might take a chance

Alguna que otra vez, en sitios inhóspitos, en tiempos oscuros, he hablado del momento videoclip en las películas ochenteras. Y es que mola mucho.

Aquí no lo hay, pero casi. La película arranca con una chica mona haciendo playback en su dormitorio sobre una canción de The Crystals. Todo mal.

Ella canta mientras baila en su habitación imaginando su próxima cita con el chico perfecto. La llevará a cenar a un sitio precioso en su precioso coche y saltarán chispas cada vez que se miren. Su imaginación llega aún mas lejos, al mágico momento de la despedida, el beso y la promesa de una próxima cita. Y ella soñará con, quizás, una lejana boda y un futuro juntos.

Aventuras en la Gran Ciudad

¡Da un asco que te cagas! O, al menos, lo debería dar para un preadolescente ochentero educado en el convencimiento de que cualquier atisbo de sentimentalismo en nuestro caracter acabaría en una debacle de homosexualismo y travestismo en Dios sabe que oscuros garitos. Pero la escena dura lo justo y acaba con el imbecil del novio llegando en su cochazo para anular la cita (no debería recordar el número de teléfono) con la excusa mas estúpida que pueda imaginarse y, para ese momento, ya nos hemos enamorado de Elisabeth Shue y queremos ver que va a pasar.

Visto con los ojos de hoy en día puedo decir que me flipa el arranque de esta peli. Es sencillo si, pero es sencillamente genial. Apenas hemos visto un par de minutos a la protagonista cantando y bailando tontamente y ya sabemos un montón sobre ella. Apenas vemos la foto del novio y ya sospechamos que el tipo es un impresentable. Cuando lo escuchamos excusarse en que tiene que quedar cuidando a su hermana, ya lo confirmamos. ¡Como molaban esas pelis en las que nos dejaban sacar nuestras propias conclusiones de los personajes sin explicarnos hasta el mínimo rasgo de su personalidad!

When he danced he held me tight

Si algo tiene esta película es capacidad de enganche y de hacerte disfrutar. No se trata solo del carisma de Elisabeth Shue, es que los dos hermanos y y el tocapelotas de su amigo caen bien. Es que la amiga tonta que se fuga de casa sin un duro da ternurita. Es que el ladrón de coches es un buen tipo.¡Joder, hasta el manco cornudo cae bien!

A un escala pequeña, aventurera y familiar, sí, pero esta película hace suya la máxima de empezar en un terremoto y de ahí para arriba. No da un segundo de respiro y se suceden escenas emocionantes y disparatadas a partes iguales. Todo muy blanco. Todo muy amable y todo muy divertido.

Les disparan, les roban el coche, los secuestran, se meten en una pelea de bandas, los apuñalan, les rompen el corazón, ligan, se enamoran, los tiran de un rascacielos, conocen a Thor, asisten a su primera juerga universitaria, rescatan a su amiga...y, por supuesto, aprenden a cantar Blues.

Todo eso en poco mas de hora y media que pasa en suspiro y que no te cansas de ver una y otra vez.

And when he walked me home that night All the stars were shining bright

Hace tiempo me regalarón una expresión que atesoro para películas como esta; Fáciles y felices Creo que no se puede encontrar una mejor descripción. La película no pretende cambiarte la vida, solo entretenerte. Hacerte feliz durante un buen rato y nada mas (nada menos).

No se cuantas veces habré visto Aventuras en la Gran Ciudad pero sí se que la volveré a ver muchas veces. Porque siempre es divertida, siempre es emocionante, no exige demasiado y, al final, te alegras del viaje.

Te alegras de haber estado ahí cuando Brad descubre que un primer amor no es el único amor, y que esta bien querer mucho a una chica y, aun así (o precisamente por eso), alegrarse de que sea feliz con otro. También te alegras de haber acompañado a Daryl a su primera fiesta y saber que, ni mucho menos, será la última. Mola mucho descubrir con Sarah que los heroes existen, que viven entre nosotros y que estan dispuestos a echar una mano. O un martillo.

Aventuras en la Gran Ciudad

And then he kissed me

Aventuras en la Gran Ciudad

Y bueno, al final la cita de Chris fué casi, casi, como ella imaginaba. ¿Se puede pedir mas?