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El regreso de los Muertos Vivientes - Memoria Analógica

El Regreso de los Muertos Vivientes

A mí me gustan los cementerios. Pero gustarme de verdad. No es eso de ver uno foto y decir mira que bonito, que gótico y que tal ¡No señor! Es más bien eso de visitar a unos amigos en el sur de Inglaterra y obligarlos a parar en la parte de atrás de cualquier iglesia en cualquier aldeíta minúscula. Solo por el gusto de ver tres lápidas inclinadas por el tiempo y un angelote de piedra blanca que, con las cuencas de los ojos ennegrecidas por el moho, señala al cielo con su dedo de piedra.

Es posible que no sea un gusto muy normal, lo reconozco. Pero, al fin y al cabo, no somos más que la suma de nosotros mismos y nuestras circunstancias. Y mis circunstancias, las que me brindaron esta afición necrológica, están plagaditas de nichos, tumbas y panteones. Repletas de cadaverina flotando inane sobre tierra húmeda recién removida. Hasta los topes de efigies de roca caliza, de cuervos negros, de enormes cruces y de arcos de piedra con verjas metálicas, que impiden la entrada…O la salida.
Sí, me gustan los cementerios. Y me gustan por culpa de la Hammer y de la Amicus Productions. Me gustan por Peter Cushing y por Christopher Lee. Por Terence Fisher y Ray Ward Baker. Me gustan por La Obsesión de Roger Corman o, más bien, por todo su ciclo dedicado a Edgar Allan Poe.

¡Qué bien hacía las cosas Corman cuando le daba la gana!

Pero, sobre todo, me gustan por que, una vez, cuando tenía doce añitos, me encontré con Linnea Quigley bailando desnuda sobre una tumba mientras sonaba la canción Tonight we´ll make love till we die.

El Regreso de los Muertos Vivientes
¡Ya me dirás tu si no es para enamorarse!

Por supuesto se trataba de, nada más y nada menos, que El Regreso de Los Muertos Vivientes y, si. Por fin ha llegado la hora de hablar un poco sobre esta secuela bastarda de La Noche de los Muertos Vivientes ,la cual, no hubiera sido lo que es sin su padre adoptivo: Dan O´Bannon.

Pero remontémonos al origen.

Seguro que todos habéis oído hablar de La Noche de los Muertos Vivientes y estaréis mas que al corriente de la carrera cinematográfica posterior del que ha quedado como su principal creador, George A. Romero. Pero el caso es que el no fue el único autor de tan fundacional obra. Tan importante como el maestro fue el coautor del guión, John Russo, a la sazón, también coproductor del film y amigo del alma de nuestro director zombi favorito. Amigos, al menos, hasta que un error a la hora de registrar los derechos de la obra hizo que, prácticamente desde el momento de su estreno, Night Of The Living Dead sea de dominio público. Vamos, que si os apetece, podéis grabaros unos cuantos DVD’s y ponerlos a la venta que nadie os podrá decir nada.

Pero…¿No estábamos hablando de Linnea en pelotas?
Tranquiiiiiilos, que ya llegamos a eso.

El caso es que, después de la gran cagada, los ánimos estaban un poco encrespados y la situación se tuvo que volver poco menos que insostenible. Así pues, nuestros dos amigos, aquellos a los que podemos considerar, sin miedo a equivocarnos, el padre y la madre del zombi moderno (¡Gracias John, gracias George! me habéis hecho muy feliz) decidieron separarse. Rompieron su sociedad y tiró cada uno por su lado.

No fue fácil, lo cierto es que había poco que repartir (ya sabéis, dominio público) pero consiguieron llegar a un acuerdo: Romero se reservaba el derecho de dirigir las secuelas oficiales y Russo, a cambio, se quedaba con la coletilla …Of the Living Dead para poder seguir explotando el éxito de la cinta en forma de novelas.

¿Novelas?¿Sin dibujitos ni nada? ¡Queremos el culo de Linnea!
Que si, que si, que ya falta poco…

O sea, que John Russo escribió su libro, Return of The Living Dead (podéis comprarlo en Amazon si os va la marcha) y luego empezó el típico baile de compra de derechos entre unas productoras y otras. Estaba casi decidido que sería Tobe Hooper el que rodaría la que, por aquel entonces, iba a ser una secuela seria y terrorífica de la obra original. Sin embargo se cruzo en su camino Lifeforce y Hooper abandono el proyecto para centrarse en la historia de una alienígena que, totalmente desnuda, siembra el caos en Londres. Zombificando a cualquier maromo que se cruce en su camino.

Mientras tanto, el proyecto que nos ocupa, acabo en manos de nuestro querido Dan O’Bannon. Que fue el que la convirtió en la maravilla que hoy recordamos y adoramos.

El Regreso de los Muertos Vivientes es, probablemente la combinación mas eficaz de comedia y terror que se haya rodado nunca (con permiso de Evil Dead II). La historia es, de sobras, conocida:

Unos trabajadores de un almacén de suministros médicos liberan, por accidente, el gas «Trioxin 245» contenido en unos bidones pertenecientes al ejercito y que se encuentran almacenados en el sótano. Dicho gas tiene el simpático efecto secundario de resucitar a los muertos, los cuales, se convierten en seres practicante indestructibles y ansiosos devoradores de cerebros.

A priori una cinta de terror puro y duro pero, sin duda, Dan O’Bannon, impuso su criterio y altero radicalmente el tono de la historia. Y la cosa funcionó.

El Regreso de los Muertos Vivientes
¡Aquí se hace lo que diga Dan!

Esta comedia terrorífica fue un autentico éxito de taquilla desbancando, curiosamente, al Día de los Muertos (ahora ya sabéis por que no «Día de los Muertos Vivientes ¿verdad?) de Romero que se estrenó en las mismas fechas.

Si, fue su director el que consiguió (con mano de hierro, según dicen) llevar la historia a donde quería, pero no solo a el se debe el éxito de la película. Hay un par de ingredientes que deben tenerse en consideración: Su banda sonora es estupenda y el reparto lo borda.

Desde veteranos como Clu Gulager, James Karen o Don Calfa hasta jovencitos que apenas estaban empezando como Tom Mathews o la propia Linnea Quigley hicieron lo suyo y lo hicieron bien. Y eso influyo, y no poco, en que El Regreso de los Muertos Vivientes llegara a ser la pequeña obra de culto que es hoy.

Quizás su calidad, es cierto, no justifique por si sola mi adoración por esta película pero, es que, en la apreciación de cualquier producto pesan, y mucho, las circunstancias. El contexto.

Es difícil decir esto sin sonar como el abuelo cebolleta, pero es cierto: Ahora las cosas son demasiado fáciles.

Si, hoy en día, me hubiera encontrado por primera vez con la imagen del glorioso trasero de Linnea hubiera tardado exactamente diez segundos en localizar la película a la que pertenece, no mas de dos minutos en localizar un enlace de descarga y apenas media horita en tenerla disponible para su visionado. Esfuerzo cero.

Pongámonos legales. Diez segundo para el título, dos minutos para comprarla en Amazon y mañana o pasado me la entregaría un amable señor en la misma puerta de casa. Esfuerzo cero, coste 9,36 €.

Y que conste que no me quejo de esa inmediatez (bueno, solo un poco) pero, mucho me temo que hemos perdido algo importante por el camino.

Lo que yo disfrute cuando pude ver esta película es difícil de describir. Y no solo por la calidad de la misma sino por la sensación de triunfo, la emoción de, al fin, haberla conseguido.

En la era pre-Internet la información era un bien escaso y preciado. Nada de darle al botoncito info del mando a distancia para saber cual era la peli que estaban dando ¡no señor! había que currárselo y mucho. Había que indagar, había que mover muchos hilos, preguntar a mucha gente asomarse subrepticiamente a la parte de atrás de muchos quioscos hasta dar con alguna imagen que nos orientara sobre la película que queríamos localizar.

No bastaba con preguntar al dueño del videoclub o rebuscar entre las caratulas. No olvidéis que yo tenía doce añitos y, como ya he dicho en alguna ocasión, en los ochenta, doce añitos era una edad tierna. Si yo me hubiera presentado en ese mostrador preguntando por la película donde una chica se queda en pelotas encima de una tumba os aseguro que el guantazo que me hubiera dado mi madre al enterarse (y se hubiera enterado ¡seguro!) hubiera sido épico.

Y la opción de examinar cada portada tampoco me servía. No se si recordáis que las pelis de terror solían estar cerca de la sección XXX y mis abnegados progenitores tenían establecido un perímetro de seguridad tan amplio que me impedía acercarme a menos de cinco metros. Vamos, que la visita semanal a aquel templo del ocio audiovisual se ceñía, al menos en mi caso, al pasillo de infantiles y a las pelis de Marisol, Joselito y Manolo Escobar.

El Regreso de los Muertos Vivientes

¿A que entran ganas de alquilarla?

Buscarla en una revista tampoco era una opción válida, creedme. Como ya sabréis la, nunca suficientemente alabada, Fangoria, no empezó a editarse en español hasta la década de los noventa, y lo mismo puede decirse de otras como Fantastic Magacine o Todo Pantallas. La única opción, pues, era repasar toda la programación de ese Teleindiscreta que, casualmente, habías comprado, para fabricarte la pistola de Donovan o para forrar tus libretas con las pegatinas del coche fantástico. Si la lectura de las mini-sinopsis o alguna imagen esclarecedora no arrojaban ninguna luz, sobre el título que andábamos buscando, no nos quedaba otro remedio que esperar. Pero esperar mucho.

Muchísimo.

Más.

Esperar, literalmente, a que pasaran los años. A que un día, de pura casualidad, la volvieran a poner por la tele y no hubiera nadie en casa que te impidiera verla.

O a que te hicieras lo bastante mayor para que te permitieran ir a devolver las películas. Es curioso, la edad para ir solo a devolver solía ser menor a la edad para ir a alquilar. Sobre todo cuando la cinta acarreaba alguna multa por haberse pasado un par de días en el plazo de alquiler. En esos casos, los padres solían ser mas flexibles a la hora de permitirte ir sin compañía a pasar vergüenza.

¿Multa? No se…mi madre no me ha dicho nada…yo no traigo dinero…

El caso es que el tiempo acababa pasando y, quizás, dos o tres años después conseguías la ansiada libertad de ver lo que te diera la gana (dentro de un orden, claro). Y ese día te plantabas en tu videoclub sin mas aval que una imagen borrosa en tu memoria. La imagen de una chica pelirroja que se desnudaba sobre una tumba.

Siento repetirme pero, hoy en día, todo es demasiado fácil.

Solo los que hayáis vivido esa época sabréis de lo que os hablo cuando digo, que la sensación de encontrar, al fin, esa película es muy difícil de igualar. Es la misma sensación que descubrir ese Spectrum en tu salón una mañana de Reyes. Después de meses soñando con el y aplastando tu cara sobre el cristal del escaparate donde esta expuesto. La misma que dar con la solución a ese puzzle que te ha tenido meses atrancado en el Monkey Island. Igualita al día que te pasas el puente del Army Moves después de horas y horas y mas horas de intentarlo infructuosamente.

Si has vivido esa época sabrás, al igual que yo, que, tanta facilidad, tanta inmediatez, se nos ha llevado consigo la ilusión.

Pero mejor no nos pongamos filosóficos y contestemos a la pregunta de rigor: ¿Cómo le han sentado los años?

Los clásicos no envejecen y, esta película, lo es.

Difícilmente se podría dar un mejor equilibrio entre la comedia y el terror que el que se da aquí. Es curioso pero, con el paso del tiempo, había ido considerándola cada vez mas una comedia con zombis y ahora, al revisionarla, me he llevado la agradable sorpresa de que, las partes terroríficas, siguen funcionando muy bien. La angustia, la opresión, el miedo que del que toda buena película de zombis deben hacer gala están también en esta y, lo mas difícil de todo, se integran perfectamente con el tono humorístico que impregna toda el metraje.

El Regreso De Los Muertos Vivientes es una película estupenda que ha sabido resistir perfectamente el paso del tiempo. Tan divertida ahora como lo fue en el año de su estreno, e igualmente terrorífica. No tengo ninguna duda en recomendarosla.