Rigor y Criterio | podcast

Las aventuras de una unidad R2 en una nave suicida (parte I)

Hace mucho tiempo (y no voy a seguir con la coña del salón/dormitorio/país/cocina muy lejano), allá por el año 1994, éste que os escribe era un fanático de los videojuegos. Y lo sigue siendo. Pero antes más. O no.

Mejor comienzo de nuevo:

Hace mucho tiempo en un dormitorio, muy, muy lejano. En casa de uno de tantos y tantos primos a los que, francamente, nunca tuve el honor de conocer, pero aun así había que saludar con un cariñoso: ¡hola PRIMO! y un par de besos que atentaran sobre cualquier principio de heterosexualidad lógica, me encontraba aburrido en el salón cuando mi madre (hermana de mi tía, madre del primo desconocido) me espetó:

Maese -Bueno, en realidad me llamó Manué, pero con la tontería esta de hacer los relatos usando tu nick como si fuera realmente tu nombre, pues eso- ¿por qué no vas a jugar al ordenador de tu primo?

Y mi mente, rápida como una centella imaginó el discurso propio para tamaña muestra de empatía:

¡Gracias, dadora de vida, gracias razón de mi existencia; sustento de mi familia, pendón (como bandera, no como guarra) de nuestra familia!

Mientras mi boca, a la par, se dispuso a reflejar tan elocuente discurso con un:

Vaaaaaleeeee… –Esas palabras arrastradas, esos balbuceos con gallos intercalados… ¡aaah! ¡La edad del pavo!

Así que arranqué el 286 de mi primo, me puse a trastear en su directorio Juegos (¡qué originales hemos sido siempre!), me eché una partidita al Shinobi y observe una carpeta llamada X-Wing.

¡Coño! ¡Cómo la nave de Luke Skywalker! – Pensé, a la vez que me maravillé de mi impresionante memoria y de mi frikismo nivel usuario.

Game Over
Esto incultos, esto

cd juegos, cd xwing, xwing

Ni de coña.

Dir

Muchos archivitos, efectivamente un .bat, un .com, un par de .exe

Jugar.com

¿Tu sabes lo que es la EMS, piltrafilla?

Disculpe señorita pantalla, producto, evidentemente, de mi imaginación afectada por horas y horas de partidas al Super Mario 2; búsqueda de escaleras malditas en los Goonies y demás zarandajas propias de mi edad. ¿Qué es la EMS?

TU PEOR PESADILLA, MUAJUAJUAJUA

En fin, la cosa es que no hubo cojones de echar a arrancar el dichoso juego; así que mi madre fue a buscarme, me dio un par de ostias para que dejara de echar espuma por la boca mientras me retorcía por el suelo, en posición fetal, al grito de EMSEMSEMSEMSEMS Y me llevó de vuelta a mi casa.

Cuando le comenté el hallazgo a mi hermano Logaran, él, con su asquerosa pose de: Bah, lo conozco todo, mierda seca, me comentó a propósito del juego de marras: un simulador espacial, en el que manejas a las naves de la Rebelión contra las imperiales, ¡y te peleas hasta con destructores! ¡¡Y revientas la Estrella de la Muerte!!

¡¡¡¡¡DIOOOOSSSS!!!! ¡¡¡¡¡Y YO TIRÁNDOLE NABOS A UN SAPO GORDO EN SUPER MARIO 2!!!!!

Total, que mi hermano y yo, acudimos de nuevo a casa de mi primo, y tras el ritual de ¡¡hola PRIMO!! los dos besos incómodos, rechazar cuatrocientos veintisiete tipos de bebidas para merendar por parte de mi tía y demás, y demás, conseguimos por fin que el susodicho nos pusiera el juego.

Cd juegos, cd xwing, jugar

Ni de coña.

Agarré fuerte el brazo de mi hermano, esperando que la risa diabólica de la pantalla no volviera. Buscando EMS por toda la habitación, mientras el labio inferior me temblaba…

Ah, eso va a ser la memoria extendida

Game Over

¡¡¡¿CÓMO?!!!!

Hay que quitarle de la memoria extendida, meterle en memoria de especificación, y ya arranca, ¿disco de arranque no tienes no, PRIMO? ¿Lo qué? Nada, nada.

¡¡¡DISCO DE ARRANQUE, MEMORIA EXTENDIDA,. MEMORIA DE ESPECIFICACIÓN!!!

¡¡¡¡NOOOOOOOOOOO!!!! – Grité sin poder aguantarlo más.
¿Pero qué te pasa imbécil? – Contestó con su habitual amor fraternal mi hermano.
¡¡Qué vamos a tirar bombas nucleares como sigas así!!
Qué pena, por dios, qué pena… tengo unas ganas de que empieces a hacerte pajas…
¿Qué?
Nada, nada.

Total, que Logaran, con la ayuda de mi primo (básicamente se tumbó en la cama y se puso a echar quinielas) consiguió que arrancara el juego.

Dios… ¡qué momento! Esa base espacial, ese uniforme (que más adelante se llenaría de medallas), esa música (que no sonaba, pero uno la intuía), esa puerta que abrías para salir al espacio a masacrar Tie Fighters, ese RD metiéndose en la nave y…

¿Pero…? ¿Y cómo se… juega? ¿Eh…?

Efectivamente. El enorme juego por el que tanto había suspirado consistía en un pantalla negra, unos marcadores extraños, y un polígono gigante que se acercaba frame a frame (con medio segundo entre ambos)

Je, ¡pos vaya mierda! – Gruñó mi primo, apenas oteando el panorama.
Claro, es que es un 286 – Pedanteó mi hermano- Ya verás en la casa que bien se ve.
No creo que me guste, la verdad – Sentencié, imaginando como sería el pasar horas jugando a cazar lentos polígonos.

¡Con lo a gusto que estaba yo tirando nabos!