Rigor y Criterio | podcast

Memoria Analógica: Porky’s

Tener un vídeo no era un lujo al alcance de todos, claro. Hay que tener en cuenta que estamos hablando del año 1984.

Hacía relativamente poco tiempo que tan maravillosa tecnología había sido puesto al alcance del gran público y, como era de esperar, los precios resultaban prohibitivos. Olvidaos por un momento de la electrónica de consumo tal y como la conocemos hoy en día. Olvidaos de Mediamarks, Urendes, Wortens, Carrefours, etc, etc. Olvidaos de esos templos del capricho inmediato donde los flamantes cacharros que tanto nos gustan se apilan en enormes montones, a precios insultantemente bajos y en continua renovación.

Porky's

No señor, eran otros tiempos. La compra de un artículo tan extremadamente costoso era asunto a debatir durante meses entre el departamento productivo y el comité administrativo del hogar, es decir, que papá y mamá discutían en susurros (rara habilidad que adquieren los matrimonios con hijos en edad de entender) cada noche, si comprar o no el dichoso vídeo:

Venga, Antonio, alguna vez habrá que comprarlo, ¿no?
Pues no.
Mira que eres cabezón. Pero si ya no están tan caros.
Pues hija, si ochenta mil pesetas no te parece caro…
Eso lo ponemos a plazos en el Corte Inglés y ni nos enteramos.
No te enterarás tú, que el que tiene que trabajar catorce horas al día para pagar los dichosos plazos soy yo.
A ver si tú te crees que yo aquí en casa y con cuatro niños me rasco el papo.
Mira Concha, no empecemos. He dicho que no se puede y no se puede… A lo mejor para Reyes.
Pues vale. Buenas noches.
¿No me das un beso?
¡A lo mejor para Reyes!

Total, que el vídeo se esperaba para Reyes de ese año… o del siguiente. Mientras tanto, si queríamos ver una película, los chavales del barrio nos íbamos a casa de la Anichi.

Una noche de verano típica en mi barrio empezaba con las voces de mi madre llamando al baño. Después de toda la tarde jugando a amasar tortas de barro, a construir cabañas con maderas viejas y a camuflarnos con los restos de ceniza de la hoguera de San Juan es de entender que la buena señora tuviera a bien frotarnos a conciencia con un estropajo de los verdes. Ya os digo yo por donde se pasaba mi madre los geles para pieles sensibles… ¡Ja!

NaNax
¡Con el de acero no mamá! ¡Nooooooooo!

Después del ritual del baño venía el bocata y el si te quieres salir a la puerta primero duerme a tu hermano.

Y anda que no era duro para quedarse dormido el cabroncete. Más de una hora he llegado a estar meciendo la cuna hasta que el pequeño tirano tenía a bien cerrar los ojitos y empezar a roncar con una sonoridad impropia de tan tierna edad.

Cuando por fin quedaba libre de mis obligaciones, salía corriendo a la puerta a ver si mi hermana todavía estaba allí. ¿Os acordáis? Esa chica que decía amor con un montón de oes seguidas y aleteando las pestañas como si le hubiera cagado una mosca en el ojo. Pues bien, la criatura aprovechaba el rato que yo mecía la cuna para escaquearse vilmente a ver la peli a casa de los vecinos.

Y claro, las tertulias de mi padre con sus contendientes mientras jugaba al parchís o al dominó no es que fueran plato de mi gusto la verdad. Incontables eran los bostezos y los me aburro que tenía que soltar hasta que llegaba por fin la sentencia salvadora de boca de mi madre:

Anda y ve con tu hermana, y no des mas el coñazo

Pero no era fácil, no. No os podéis ni imaginar la vergüenza que un servidor pasaba llegando solo a casa de la Anichi a ver si le dejaban quedarse.

Hay que tener en cuenta que dos años son un abismo de edad insalvable cuando van de los nueve a los once. Que mi hermanita ya se juntaba con los chavales mayores del barrio (unas edades tan impresionantes como trece o, incluso, catorce años) y que yo no era más que el coñazo de su hermano pequeño.

Hay que entender que era a ella a la que habían invitado a ver la peli (y a ver si te puedes librar del enano) y hay que haber estado allí para percibir la hostilidad que solo una hermana mayor es capaz de emanar hacia su hermanito que le ha jodido el plan.

Guille
¡Yo quiero ver la peli! ¡Buahhhhhhh!

Hay que tener, en definitiva, más cojones que el caballo del espartero para pegar a esa puerta y someterse a esa tensión:

(golpes en la puerta) ¿Si?
Hola soy yo, ¿está mi hermana?
Silencio denso como mantequilla. Varios pares de ojos miran hacia una silla. Ella está allí…
Sí. ¿Qué quieres?
(Si no habéis oído esa voz, no sabéis lo que es el frío)
Que dice mamá que me venga contigo.
Más silencio.
Aún más silencio.

¿Pero qué queréis que os diga? A mí tanto silencio, tanta frialdad, tanta hostilidad fraterna me la traían floja. A la postre el negocio estaba claro: o me quedo a ver la película contigo o te vienes a sentarte en el escalón a disfrutar del apasionante espectáculo de papá comiendo ficha y contando veinte.

Así que esa noche, como tantas otras, me quedá a ver:

La Película

Porky’s se estrenó en 1982. Con un presupuesto de 4 millones de dólares es la película canadiense más taquillera de la historia. O, más bien, la película de producción canadiense, ya que, tanto su director como su reparto son norteamericanos y, además, fue rodada en Florida. La recaudación total ascendió a los 107 millones y dio lugar a dos secuelas bastante inferiores en calidad y de menor éxito comercial. De hecho, su tercera parte ni siquiera ha sido editada en DVD en España.

Escrita y dirigida por Bob Clark cuenta las desventuras de un grupo de adolescentes de los años 50 que tratan, desesperadamente, de perder su virginidad. Para ello acuden al bar de Porky, en el que se comenta que hay señoritas que ejercen la prostitución. Sin embargo, el dueño, les roba y les humilla delante de su clientela, con lo que, los chicos, deciden vengarse.

Fue, sin duda, un éxito inesperado. Bob Clark venía de dirigir cosas tan bizarras como She-Man o Los Niños No Deben Jugar Con Cosas Muertas. Parecía que su carrera se dirigía, principalmente, hacia el cine de terror y esta fue su primera comedia. Posteriormente trabajaría bastante para televisión y no puede decirse que su obra haya sido especialmente destacable.

Los niños no deben jugar con cosas muertas
Sí, es tan mala como parece. Incluso peor.

Del reparto no hay mucho que decir. Es curioso como casi todo el que trabaja en un gran éxito como este, luego no suele tener una carrera de especial relevancia. El personaje más memorable, Pee Wee, fue interpretado por Dan Monahan y, si me apuráis, casi diría que este ha sido el papel de su vida, lo cual no deja de ser algo triste.

Dan Monahan
Aunque con esa cara… ¡Qué querrá!

Aunque la de más éxito ha sido, sin duda, Kim Cattrall, la fogosa Honeywell. Su carrera nos ha dado un montón de alegrías a los aficionados al cine casposo ochentero, participando en títulos como Golpe en la Pequeña China, Loca Academia de Policía o Maniquí, una peliculita bastante desconocida por la que tengo una cierta debilidad. Pero bueno, sin duda su papel más sonado ha sido el de Samantha en la serie Sexo en Nueva York. Lo cierto es que se puede decir que la chica, a pesar de ser una excelente actriz, no ha variado mucho de registro, ¿no?

Y poco más, esta es Porky’s. No parece gran cosa ¿verdad?

Tampoco me lo pareció en su momento. Lo cierto es que la película me dejo más bien indiferente, que las carcajadas que oí a mi alrededor me resultaban incomprensibles, que la peli para nada compensaba el camino de vuelta a casa soportando las iras de mi hermana, aunque bueno, eso forma parte ya de:

Mis Recuerdos

Seguramente la vi antes de tiempo. Lo cierto es que una película como Porky’s no resulta muy divertida para un niño de 9 años.

Es curioso, si yo tenía tanto interés en el cine que podía verse en casa de mis vecinos era por el caso que se le hacía allí a la calificación por edades ¡ninguno!

Bastante que se planten aquí cada noche para que encima no podamos ver lo que se nos antoje…

Y el caso es que, por norma general, la casa de mis vecinos sirvió, al menos en mi caso, para deshacer el mito de las pelis de dos rombos. No, no resultaban, en absoluto, tan interesantes. Así que, en ese primer visionado, Porky’s supuso una total decepción.

A ver, está ambientada en los 50, en un instituto americano y cuenta las desventuras de Pee Wee para perder su virginidad. A mí que me perdonen pero en esos años, para mí los 50 eran poco menos que la prehistoria. A esos señores los veía demasiado mayores para estudiar nada y la virginidad me recordaba a algo de un pesebre, San José, un niño y una tal María.

Claro que alguna escena sí que me impacto. ¿Os imagináis cual? ¡Exacto! Esta misma:

Pero, ¡atentos! Digo que me impactó, no que me hiciera gracia. Lo cierto es que al ver a esa mala bestia pegando tirones yo solo podía pensar dos cosas:

¡Hay lo que tiene que doler eso!

¿A santo de qué va nadie metiendo el pito en un agujero de la pared?

Pero esta no es una película que se vea una sola vez ¡claro que no! Y, como es de recibo, tanto esta como su segunda y tercera partes fueron material habitual para esas tardes de cine gamberro con los colegas. Y ahí la cosa cambia ¡claro! Cuando ya te identificas con la lucha de Pee Wee, cuando esos cuerpos desnudos despiertan en ti algo más que un frío y distante interés anatómico, es entonces cuando Porky’s, quizás por ser la primera, va escalando posiciones en tu ranking particular de películas para el recuerdo.

Y claro, una vez situada ahí se impone la obligada pregunta:

¿Qué tal le sientan los años?

Chicos, no quiero ser innecesariamente cruel pero, alguien tiene que decirlo. Esta farsa ya ha durado demasiado tiempo.

Soy plenamente consciente de que Porky’s suele mencionarse como principal representante de la comedia gamberra, erótica y cachonda. Suele considerarse como la obra iniciática de dicho subgénero. Sé perfectamente que cualquier aficionado a este tipo de cine comienza su enumeración de clásicos con este título y, muy posiblemente, continúe con sus secuelas. Lo siento por ellos, lo siento por mí mismo y por el grato recuerdo que guardaba de esta peli.

Porky’s es aburrida, cansina, soporífera, banal, estúpida. Porky’s es una película infame.

Lo siento mucho pero es así. Una película que nadie que guarde un grato recuerdo de ella debería volver a ver nunca.

No negaré que contiene alguna escena divertida. De hecho contiene UNA escena divertida y una francamente hilarante, y ya está. El resto son una sucesión de conversaciones absurdas y poco creíbles, un desfile de personajes sonrojantes por su simpleza. No son estereotipos ¡qué va! Son el boceto de un estereotipo y algunos no llegan ni a eso.

Si hablamos del casting entonces hablaremos de una elección, como poco, desafortunada. De acuerdo que estamos acostumbrados a ver adolescentes interpretados por actores bastante mayores que la edad de sus personajes pero esto… ¡Esto entra en el terreno de lo paródico! Y no es un efecto intencionado.

Para colmo, la película, pretende incluir una subtrama de componente social. Unos toques de racismo, corrupción, prejuicios… En fin, un trasfondo que, más que enriquecer la trama, la lastran hasta el punto del tedio y la vergüenza ajena.

¿Tan mala es? Me temo que sí. Una película que gozó de bastante éxito en los años de su estreno y que el barniz embellecedor de la memoria ha situado en una posición que, ni mucho menos, se merece.

Por mi parte he acabado, sintiéndolo mucho, no puedo recomendaros este Porky’s pero, al fin y al cabo ¡Que sabré yo!

Besis.