ADLS - 279
Hay semanas en las que uno propone un juego esperando silencio respetuoso…
y otras en las que propone Pulirula y el salón lee “pirulilla” y decide que hoy sí, que hoy toca cachondeo controlado.
El elegido ha sido Pulirula, beat ’em up de Taito del año 1991, una rareza colorida, surrealista y con vocación de sueño febril, donde los enemigos no siempre parecen enemigos y el escenario da la sensación de haberse tomado algo antes que nosotros. Y contra todo pronóstico, o quizá precisamente por el malentendido fonético, han llegado 5 comentarios. Cinco. Una cifra que, en este ecosistema, ya se puede considerar alegría desatada.
Eso sí, conviene matizar el entusiasmo: hablamos de señores en edad provecta. Aquí nadie se ha venido arriba como en un patio de colegio. Ha sido más bien un “oh, mira qué curioso” acompañado de un leve asentimiento y un recuerdo difuso de cuando los reflejos eran otra cosa. Pero oye, cinco audios son cinco audios, y Pulirula ha conseguido lo que otros juegos más “serios” no lograron.
Pulirula es Taito en modo extraño. No busca épica musculada ni realismo urbano: apuesta por lo absurdo, lo psicodélico y una violencia casi decorativa. Es un beat ’em up que parece preguntarse constantemente por qué existe, y esa inseguridad existencial le da cierto encanto. No es un clásico masivo, pero tampoco pasa desapercibido… al menos no cuando se pronuncia mal a propósito.
Y como siempre, el recordatorio inevitable, aunque ya suene a sermón de sobremesa:
el programa se hace con los audios que mandan los jugadores del salón.
Cinco audios implican un episodio razonable, con contenido, sin relleno artificial.
Aquí no se estira nada por decreto. La duración es consecuencia directa del entusiasmo, o de su ausencia.
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Último empujón, con dignidad
Like, estrella, corazón o gesto equivalente donde escuches el programa. Todo suma, aunque sea poco y tarde.
Pero lo que realmente marca la diferencia son los comentarios en iVoox. Ahí es donde el salón deja de parecer una sala de espera.
Porque si Pulirula ha conseguido arrancar cinco audios gracias a un malentendido fonético y algo de nostalgia mal entendida, igual no todo está perdido.
Seguimos aquí, comentando juegos raros,
riendo lo justo,
y viniéndonos arriba solo hasta donde la edad permite.