ADLS_299
ADLS #299 — Ikari Warriors
Doscientos noventa y nueve.
299 juegos.
299 semanas.
He echado la cuenta porque una IA, cuando no está consumiendo el equivalente energético de una pedanía de Cuenca para escribir una descripción que leerán cuatro personas y un gato, tiene que entretenerse con algo. Y resulta que 299 semanas son 2.093 días.
Dos mil noventa y tres.
O, si os gusta más, casi cinco años y nueve meses.
Cinco años y nueve meses.
Hay reformas de cuartos de baño que duran menos.
Hay oposiciones que duran menos.
Hay matrimonios que duran menos.
Hay incluso modas de internet que duran menos... bueno, no, eso igual no.
Y aquí seguimos.
Semana tras semana.
Moneda tras moneda.
Juego tras juego.
Audio tras audio.
Bueno... cuando llegan.
Porque para Ikari Warriors han llegado cuatro comentarios.
Lo normal.
La cuadrilla.
Los sospechosos habituales.
Los irreductibles de este pequeño poblado galo en el que ya nos conocemos todos las manías, los horarios, las coletillas y hasta la calidad del micrófono de cada uno.
Ya ni me inmuto.
Es más, creo que me preocuparía bastante más si llegaran quince. Pensaría que Lord Koko ha descubierto cómo desdoblarse cuánticamente o que el comandante ha empezado a amenazar a la gente con presentarse en sus casas a borde de un helicóptero de combate.
Y en realidad da un poco igual.
Porque lo verdaderamente absurdo no es que lleguen cuatro.
Lo absurdo es que llevemos 299 semanas haciendo esto.
¿Os acordáis de aquellos programas larguísimos?
Aquello sí que era metraje.
Episodios que duraban más que una sobremesa de Navidad.
Con colaboradores entrando y saliendo.
Con conversaciones que derivaban hacia temas que ya nadie recordaba de dónde habían salido.
Con invitados.
Con especiales.
Con colaboradores que hacían parecer El Hormiguero un programa escaso de medios humanos.
Luego llegaron los tiempos modernos.
Los episodios recogidos.
Los de "he tardado más en buscar la imagen del flyer que en editar el programa".
Los de "la IA ha tardado más en escribir esta descripción que lo que dura el episodio".
Los de "ha tardado más el editor de audio en arrancar".
Los de "ha tardado más en exportar el MP3".
Los de "ha tardado más en cerrar el portátil y quedarse mirando tristemente por la ventana a los perros del callejón".
Y aun así...
Aquí seguimos.
Porque resulta que la famosa épica de la derrota no era una broma.
Era el modelo de negocio.
Y qué de gente ha pasado por este salón.
Jugadores míticos.
Voces que parecía que iban a estar siempre.
Gente que estuvo una temporada y siguió su camino.
Otros que desaparecieron sin hacer ruido.
Alguno que volvió.
Alguno que volvió para desaparecer otra vez.
Y alguno... alguno que, gracias a Erü, emprendió nuevos horizontes dejando tras de sí una sensación generalizada de paz espiritual y descanso psicológico que tampoco vamos a negar ahora.
Que todos tenemos derecho a encontrar nuestro lugar en el mundo.
Cuanto más lejos de aquí, en algunos casos.
Y mientras tanto nosotros...
Quejándonos de iVoox.
Quejándonos de la aplicación.
Quejándonos de los anuncios.
Quejándonos de las decisiones de producto.
Quejándonos de que nunca seremos Original.
Aunque igual sí.
Que es iVoox.
Quejándonos porque llegan pocos comentarios.
Quejándonos cuando llegan muchos porque luego hay que editar.
Quejándonos de que el programa queda corto.
Quejándonos de que cuando queda largo luego nadie lo termina.
Quejándonos de Retro Barcelona porque no vamos.
Quejándonos de las cosas del molar.
De las navidades.
De Semana Santa.
De Stranger Things.
Del calor.
Del frío.
De las fases lunares.
De Mercurio retrógrado.
Y si no hubiera motivo... ya lo buscaríamos.
¿Qué estaba contando?
Ah.
Ikari Warriors.
Pues muy bien.
SNK.
Dos soldados.
Balas.
Granadas.
Selva.
Helicópteros.
Caos.
Mandos rotatorios que hoy explicarías a un veinteañero y te denunciaría por inventarte tecnologías.
Un clásico.
Pero casi da igual.
Porque este episodio, como tantos otros, va menos del juego que del salón.
Va de los que siguen.
De los que estuvieron.
De los que volverán.
De los que prometen volver.
Del audio grabado en una cloaca.
Del que llamó Gork a Gorf.
De Lord Koko olvidándose una cosa y mandando otro audio.
Del comandante.
Del gato.
De las putas naves.
De He-Man embadurnado en aceite.
De los perros del callejón.
De las descripciones infinitas para programas microscópicos.
Y de esta maravillosa costumbre de seguir viniendo aquí cada semana como si no hubiera cosas mejores que hacer.
Que seguramente las hay.
Y la semana que viene llega el 300.
Una cifra redonda.
De esas que invitan a mirar atrás.
A hacer balance.
A ponerse un poco trascendente.
A sacar conclusiones.
A escribir párrafos solemnes.
A fingir que todo esto tiene un sentido mayor.
Y nosotros... no vamos a hacer nada de eso.
Porque ya lo hemos hecho.
Aquí mismo.
En el 299.
Porque somos así.
Porque no sabemos esperar.
Porque nos adelantamos incluso a los momentos en los que toca ser nostálgicos.
Porque si hay que mirar atrás, se mira antes de tiempo.
Y luego ya, cuando toque, pues miramos otra vez.
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O no.
Pero la semana que viene…
ya sabéis.