Eran tiempos adversos para Maese Threepwood, las tropas familiares, encabezadas por mi santa madre, trataban con ansia asesina todo aquello que pudiera suponer una diversión para cualquier miembro de la familia. Los libros de mi padre, borrado sin compasión del Círculo de Lectores, por aquello de embrutecer la sesera con cuentos de caballería, don Alonso, que diría aquel. Las actividades lúdicas de mi hermana, feliz ella saltándose clases con el sano interés por darle a la calada y el trago… y, como no, el cacharro del niño.siendo. Pero antes más. O no.